Falsos mitos sobre los productos light

Falsos mitos sobre los productos light

En la década de los 80 se comenzó a introducir en España el consumo de productos light. En concreto, la sacarina como edulcorante sustituto del azúcar para personas diabéticas o que deseaban perder peso.

Rápidamente, fueron las bebidas refrescantes las que iniciaron toda una revolución en el mercado introduciendo los primeros refrescos sin azúcar. Era, sin duda, el inicio de la toma de conciencia de la población española sobre la relación entre salud y alimentación y el comienzo de los falsos mitos sobre estos productos light.

Por su parte, la industria alimentaria encontró un filón al que desde hace ya casi 40 años parece seguir sacándole provecho. Actualmente, toda una generación de nuevos alimentos han sido o  modificados de su receta original, o se han creado específicamente para poder recibir la denominación de “light”. Es un reclamo publicitario utilizado por cada vez más marcas que desean vestirse de “saludables”.

Pero ¿qué son realmente los alimentos light? En España, la normativa requiere que dicho producto contenga un 30% menos del valor energético del producto de referencia no light. Para conseguirlo, las empresas suelen sustituir su dosis de azúcar o grasas por otros ingredientes menos energéticos. Pero he aquí el riesgo de este tipo de productos.

Para empezar, el hecho de que contenga un 30% menos de energía no implica que deje de contener un alto valor calórico: las patatas fritas de bolsa por ejemplo contienen unas 540 calorías por 100 gramos frente a las light que contienen 460; lo que no deja de ser una barbaridad.

Por otro lado, tenemos que distinguir entre bajo en calorías y saludable. Que un alimento contenga menos calorías no significa que los ingredientes con los que está elaborado sean saludables. Y es que en torno a los alimentos light se han creado una serie de falsos mitos que les atribuyen unas propiedades que realmente no tienen.

Falsos mitos sobre los productos light

  1. La falsa creencia de que adelgazan: Como hemos visto, el hecho de que sean menos calóricos que el producto original no significa que sean alimentos que ayuden a disminuir el tejido graso de nuestro cuerpo.       
  2. Pueden tomarse en cantidades libres: Al etiquetarlos como bajos en calorías, la tendencia general es la de poder consumirlos en las cantidades que nos apetezcan y en cualquier momento. Éste es un error muy común por el que muchas personas no entienden por qué no consiguen bajar de peso a pesar de hacer determinados esfuerzos.
  3. Son más sanos: Una creencia potenciada por la industria alimentaria que refuerzan sus mensajes publicitarios relacionando los productos light con la alimentación sana. Nada más lejos de la realidad. Por ejemplo, los productos sin azúcar suelen tener un alto contenido en grasas, nada saludables, aditivos y sal para aumentar el sabor de dichos productos.

En definitiva, si lo que pretendes es reducir el consumo de alimentos más calóricos de tu dieta; incluye alimentos poco o nada procesados. Fundamentalmente verduras, frutas y legumbres.

De esta manera acertarás seguro.

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